¿Volveremos?

La Lucha al Millón

Desde que inició la cuarentena evité la palabra “coronavirus” en esta columna. Preferí hablar de cualquier otra cosa importante para el deporte antes que darme golpes de pecho escribiendo cosas como “una semana más sin Lucha Libre” o “seguimos encerrados sin volver a las arenas”. Sin embargo, el final de la jornada nacional de sana distancia y el inicio de la nueva normalidad con el semáforo epidemiológico supone la necesidad de crear protocolos para el regreso responsable de todas las actividades y eso incluye la Lucha Libre.

La semana pasada, el programa Batalla Campal tuvo una entrevista con el Lic. Juan José Herrera, Secretario Ejecutivo de la Comisión de Box y Lucha Libre Profesional del Estado de México. En esa charla admitió que se contempla un plazo de entre 12 y 18 meses para que las arenas puedan volver al máximo de su capacidad; también explicó que la comisión no tiene los recursos para realizar pruebas de COVID-19 a los luchadores. Se va a crear un protocolo, pero la comisión está completamente rebasada para garantizar su cumplimiento.

Por otra parte, es un hecho que a la industria de la Lucha, como a muchas otras, le urge volver. Cada vez son más luchadores haciendo rifas, subastas, perfiles en Hola mi fan, vendiendo comida, productos de limpieza, cubrebocas, en fin… buscando la manera de subsistir mientras regresa la actividad. En esa entrevista, el Lic. Herrera se dijo sorprendido por la premura que tienen los promotores por organizar funciones aun a puerta cerrada, considerando que el mayor ingreso es gracias a la taquilla. Al mismo tiempo, Lucha Libre AAA, IWRG y algunas promotoras independientes como Lucha Memes y DTU han entendido la importancia de generar ingresos mediante métodos alternos a la taquilla, como sucede en el deporte mundial.

Leí este artículo titulado Así es como el COVID-19 ha afectado el mundo de los deportes, publicado en la página web del Foro Económico Mundial. En él se explica claramente que los deportes tienen tres fuentes principales de ingresos: la venta de derechos de transmisión, los patrocinios y la venta de boletos. Empíricamente, la Lucha Libre ha reconocido y ha intentado trabajar en las tres. Después de más de 20 años, Triple A logró que la televisión la reconociera como una propiedad por la que vale la pena pagar derechos de transmisión. En ese sentido lleva mano sobre todos los demás, pero no tiene la fuerza necesaria para acercarse siquiera a las grandes ligas. La lucha está a años luz, y pongo otro ejemplo del artículo, de los 5 mil MDD por siete años de la MLB. IWRG, DTU o KAOZ han entendido la necesidad de las alianzas estratégicas, pero siguen trabajando en aumentar la calidad del producto para hacerlo lo suficientemente atractivo.

La luz al final del túnel es que, de manera empírica, la lucha lo entiende. La contingencia, regreso al artículo, puso de manifiesto la necesidad de las personas por entretenerse, la necesidad de los deportes por tener eventos en vivo y la necesidad de las televisoras por tener esos eventos y vender. La puerta se le puede abrir a la lucha porque las televisoras cada día tienen menos dinero para pagar por otros eventos. La Lucha Libre tiene oportunidad de volverse suficientemente atractiva para ese mercado. Y un paso más arriba, la tendencia es que los deportes van directamente encaminados al modelo D2C, de venta directa. WWE, NJPW, ROH y algunas más ya lo tienen. Han eliminado los intermediarios para alcanzar al consumidor. Como han podido, DTU, Lucha Memes, IAW, The Crash y el mismo Más Lucha han dado pasos en ese sentido.

Confío que la Lucha Libre podrá resurgir, pero primero tenemos que entender bien dónde estamos parados, reconocer lo que hemos hecho mal, identificar las áreas de oportunidad, dotar de valor al producto, evolucionar. Es cruento pues algunos se van a quedar en el camino, pero la Lucha Libre es una industria que tiene que ir al ritmo de la globalización de los deportes.

 

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