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Opinión

UN MINUTO DE APLAUSOS

Como trágico para el mundo de la lucha libre mexicana puede calificarse el miércoles 9 de febrero pasado por las sensibles pérdidas que se dieron. Primero Súper Muñeco, después Águila Dorada (aunque trascendió un día más tarde) y finalmente Arturo Rivera que, si bien no fue luchador, sí marcó a generaciones por su particular forma de narrar.

ARTURO RIVERA

Un aficionado me comentaba si era su percepción o el Consejo Mundial de Lucha Libre no se había pronunciado ante la partida de Riverita, como le decía Pedro “El Mago” Septién, mi respuesta fue inmediata: “ni lo harán”, y es que si el destacado cronista fue querido por muchos, también cosechó un buen numero de enemigos por su estilo de señalar las cosas y muchas veces pasarse de la raya por mezclar cuestiones personales con lo laboral, él mismo alguna vez lo dijo en un entrevista.

De niño me encantaba leer su columna “Bailando un oso, pero sabroso” en la revista Arena, era muy divertido leerlo, pero hubieron muchas cosas que no entendí hasta que me adentré en el mundo del pancracio, y es que les tiraba duro a ciertos luchadores, bajita la mano destapó a varios. Uno, como lector, no tomaba en cuenta esos datos, pero imagino caló duro en los luchadores a quienes se refería.

Su blanco de ataque favorito era el Consejo, sus luchadores y sus directivos; no solo lo vetaron por narrar Triple A, sino por el sistemático ataque a la empresa Lutteroth, mismo que viví de cerca trabajando ahí y él con su columna, ahora en el periódico Ovaciones.

Al “Rudo” Rivera lo conocí en el ya lejano 2005, yo iba como reportero de Récord y, por mi poca experiencia, Alejandro Gómez, entonces director del diario deportivo me “encargó” con Rivera, quien fue muy amable, me presentó a Jeff Jarreth, Antonio Peña, varios luchadores más y a Dorian Roldán quien, como buen chavo, andaba en la fiestota durante esa función realizada en el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos.

Poco o nulo contacto volví a tener con Arturo Rivera, salvo por algunos conflictos por el contenido de la mencionada columna de Ovaciones.

Volví a verlo hasta el año pasado, cuando el equipo de Más Lucha me dio la oportunidad de narrar con él algunas luchas del Torneo Supremo.

Siempre polémico, amable, divertido, pero también cuchillito de palo. Alguien me contó: “Un wey era tan lame botas y arrastrado que le decía al Rudo que era su idolo, su padrino, y que en su honor se iba a cambiar el orden de sus apellidos poniendo en primer lugar el Rivera” ja, ja, ja, al mero estilo de Arturo sólo lo entenderán los involucrados.

ÁGUILA DORADA

Siempre me ha gustado platicar con la gente mayor, se puede aprender mucho de ellos y cuántas cosas supe gracias a Águila Dorada. Sus visitas a la Arena México todavía por alla del 2015 eran gratas, siempre con una deliciosa bola de queso tipo Oaxaca, negocio que él tenía.

Sus platicas lo trasportaban a uno a sus años de esplendor, en una Ciudad de México de los 50 que ha dejado de existir y que él era una ventana para imaginarla y recordarla.

Hablaba del Santo, de Lagarde, de Pedro Bolaños y, por supueto, de su maestro Raúl Romero, de la antigua Arena México y del nacimiento de la nueva.

Mucho tiempo dejé de verlo, hasta que en septiembre pasado coincidimos en una entrega de reconocimientos con motivo del Día del Luchador. Seguía amable, lúcido y feliz.

SÚPER MUÑECO

Del Trío Fantasía hay mucho que decir, y de Súper Muñeco más, poseedor de una de las máscaras más requeridad afuera de cualquier arena, su popularidad rompió las fronteras de la lucha libre, no por nada la noticia de su muerte se convirtió en tendencia.

Con Súper pude convivir como reportero y después como parte del CMLL durante la promoción del Leyendas Mexicanas, y tuve el honor de anunciar en la Arena México, por última vez juntos, a ese trío de maravilla que nos marcó.

Descansen en paz estos tres personajes, a quien también se les une el chiapaneco Rafael Miranda, La Garra. Sería sensacional un minuto de aplaudos a todos este viernes en la Arena México, posiblemente nada más será para Súper Muñeco; sólo espero que el encargado de realizarlo le eche un poco de coco y no inicie con el trillado “la lucha libre se viste de luto”.

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