Lucha Libre y la diversidad sexual

Evangelio según Miguel Reducindo

La inclusión es uno de los reclamos que más fuerte han sonado en las últimas décadas por parte de sectores de la sociedad que, por años, se mantuvieron bajo las sombras y que poco a poco han encontrado los espacios para mostrarse, valerosos, tal como son reclamando derechos de igualdad. Y si hablamos de una actividad que ha sido incluyente, (con sus asegunes), debemos mencionar la lucha libre mexicana pues, antes de que en nuestro país se le diera el derecho al voto a las mujeres, se presentaron confrontaciones femeniles ante la desaprobación de las alas más conservadoras de la capital; además de la incursión de un luchador afeminado, la Gardenia Davis, para enfrentar a los más viriles exponentes del pancracio de los años 40, un hecho histórico que va de la mano con la evolución de una comunidad que éste sábado realizará, por primera vez a la distancia, la marcha del orgullo LGBTTI.

Históricamente hay etapas en que la comunidad LGBTTI se ha desarrollado, pues hasta 1940 se considera el periodo de mayor oscuridad, por llamarlo de una manera, cuando las preferencias sexuales diferentes a las socialmente correctas se ocultaban y se mantenían en la clandestinidad; mientras que un año después se comenzaron a dar vistazos de organizaciones y movimientos que llevaron a la creación de una comunidad que llegaría a fortalecerse hasta 1969. Y es justo en ésta etapa, 1941, cuando llegó a México Gardenia Davis, un luchador norteamericano oriundo del Estado de Texas que se presentó en el mes de agosto en la antigua Arena México dejando perplejos a los asistentes. Ataviado con elegantes batas y acompañado por un “ballet” que desinfectaba el ring, ponía desodorante y perfume a los rivales.

En una época donde los medios de comunicación exaltaban el machismo más exacerbado, el charro mexicano y su virilidad era la constante en las películas y la figura femenina era sumisa y obediente, debió ser muy arriesgado encarnar a un luchador delicado como Gardenia Davis, el primer exótico de la lucha libre mexicana, y aunque muchos aseguran que lo “exótico” era por su elegancia al vestir y sus buenos modales, lo cierto es que no podía dar rienda suelta a un personaje gay como hoy en día tomando en cuenta el contexto social en que se desarrolló. Sin embargo el legendario réferi, Roberto “El Güero” Rangel, alguna vez fue el acompañante de la Gardenia y las crónicas de aquellos tiempos señalan los besos que repartía a los rivales de su “patrón”.

Después de Gardenia Davis llegó Gorgeous George, originario de Nebraska, Estados Unidos, que continuó poniendo a los aficionados de uñas, sobre todo a los hombres, pues llegaba igualmente vestido entre holanes y capas que simulaban vestidos largos, repartiendo flores tanto a los aficionados como a sus rivales y hasta el réferi o anunciador; largas sesiones en el salón de belleza daban como resultado una hermosa cabellera rubia y rizada que enardecía a los “machos” de entonces.

Ellos fueron los antecesores del estilo exótico que continuaron Bello Greco, Sergio El Hermoso, Adorable Rubí, Rudy Reyna, Baby Sharon, Pimpinela Escarlata, May Flowers, Cassandro y, más recientemente, Máximo, Pasión Kristal, Jessy Ventura, Mamba, Dulce Canela y Estrella Divina, entre muchos otros. En los años 70 llegó a México, directamente de Inglaterra, un ex bailarín de ballet llamado Rikki Star, fino en sus movimientos, pero que a Blue Demon le dio tremenda paliza sin importar su trayectoria, ¿se imaginan esto?

De Gardenia Davis a Mamba han cambiado radicalmente las cosas, tanto en la lucha libre como en la comunidad LGBTTI, el texano era una personificación, mientras que muchos de los exóticos actuales simplemente llevaron su naturaleza al cuadrilátero en un claro acto de liberación que ha caído bien entre los aficionados, pero realmente ¿qué tanto está representada está ésta comunidad con el clásico luchador exótico que todos identificamos?

Generalmente se asocia a un gay bajo el concepto de “loca”, y el luchador exótico, posiblemente por el contexto y época en que surgió, ha caído en ese estereotipo con el que muchos podrán o no están de acuerdo, porque tanta diversidad hay en una parte como en otra. Es por esto que el fallido concepto de El Imperio pudo haber sido determinante para dar un giro total a la forma de ver la diversidad dentro de la lucha libre. Conformado por Mamba, Chicano, Tiago y Estrella Divina, ésta facción, que solo tuvo dos presentaciones en la Arena Naucalpan y que se planeaba llegara al elenco principal de Triple A, representaba un sector más amplio de esa diversidad que existe en la sociedad, porque las cosas no son blanco y negro, existe toda una gama de tonalidades y posibilidades que hacen el mundo mucho más divertido. Para alguno El Imperio ya era una forma “muy descarada” de subir al ring pero ¿descarado para quién?

La lucha libre ha sido incluyente desde sus raíces al tener en su elenco personas tan diversas en pensamiento, raza, color de piel y preferencia sexual que habría que sacarle mayor provecho, y ese día será cuando un luchador no heterosexual se muestre como tal, sin necesidad de ser afeminado, encabezando carteles en las empresas más importantes de México y no como un personaje estereotipado; y será aún más destacable que al ver un gladiador con tales características al público no le importe, simplemente se fije en su desempeño luchístico.

Ser incluyente no es cambiar el género de una palabra por la letra “E”, ser incluyente es brindar las mismas oportunidades de desarrolló no solo a los que tienen preferencias sexuales diferentes a las socialmente establecidas para no tener que esconderlas como en su momento lo hicieron Henri Pilusso o Vicente García; sino también brindárselas a los que tienen alguna discapacidad (de lo cual hablaremos próximamente) pero quieren triunfar en un cuadrilátero o en un trabajo común; ser incluyente es preponderar el talento sobre una característica física, y en la lucha libre se puede hacer. Porque en éste deporte la diversidad sexual es un hecho, pero se mantiene entre sombra. Ver a luchadores participando años anteriores en las marchas del orgullo LGBTTI es loable y de valientes, pero aún queda un buen trecho para lograr la inclusión total.

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