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Opinión

Las luchas cinematográficas y la evolución del kayfabe

El fin de semana se llevó a cabo Double or Nothing, el PPV de AEW. El platillo estelar enfrentó a The Inner Circle contra The Elite y BROKEN Matt Hardy en el Stadium Stampide, una lucha cinemátográfica celebrada en el TIAA Bank Field, el estadio de los Jacksonville Jaguars de la NFL.

Esta manera de presentar Lucha Libre es relativamente nueva y ha sido recurrente durante la cuarentena. En Wrestlemania 36, WWE presentó el Boneyard Match entre Undertaker y AJ Styles y el Firefly FunHouse entre “The Fiend” Bray Wyatt y John Cena; sin embargo, en 2016 Impact Wrestling había producido el Final Deleiton precisamente con BROKEN Matt Hardy.

Este tipo de luchas ha llegado para quedarse porque el lenguaje cinemátografico aporta recursos para contar la historia que el lenguaje del propio combate no puede aportar. AEW, por ejemplo, revivió todas las etapas de Matt Hardy durante el Stadium Stampide; a sus 55 años, Undertaker se vio mucho mejor en Wrestlemania que en sus apariciones más recientes arriba del ring. En Money In The Bank conocimos Titan Towers, las oficinas centrales de WWE.

Las luchas cinematográficas llevan el kayfabe a otro nivel. Ojo, no entiendo el kayfabe como cualquier fanboy que lo limita a lo que es verdad y lo que no sino de la manera en la que lo entiende el matemático y economista Eric R. Weinstein, quien lo define como un sistema cerrado de colaboración entre las partes para lograr entregar un programa de entretenimiento para una audiencia masiva sin poner en riesgo a los participantes. Este sistema puede ser aplicable en la Lucha Libre pero, según Weinstein, también se puede trasladar a la guerra o el amor.

La aceptación de las luchas cinematográficas por parte de los aficionados confirman que el sistema que la industria de la Lucha Libre ha confeccionado para entretener evolucionó. No se necesita “hacer creer” que Undertaker está en su mejor momento o que la piscina del TIAA Bank Field estaba llena con aguas del lago de la reencarnación para entregar un producto de calidad que pueda entretener al espectador.

México necesita evolucionar en este sentido. Imaginemos las genialidades que se podrían hacer con Konnan, Vampiro, Mil Máscaras, Canek, Atlantis u Octagón. “El Negocio”, como está de moda decirle, evoluciona cada segundo y hay que adaptarse. Adaptarse o quedar rezagado.

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