La Arena México y sus figuras ocultas

Evangelio según Miguel Reducindo

En el mundo de la lucha libre hay personajes que se ganan un lugar en la memoria de los aficionados. Algunos fueron luchadores y otros llegaron a este ambiente de forma casual. Hoy quiero platicarles de dos en especial: Don Alfonso Peñaloza, el hombre que más cabelleras ha cortado; y de Pequeño Mazakre, quien ha fallecido y que gratamente recordaré en su etapa como parte del equipo de seguridad de la Arena México.

Durante muchos años ha sido común ver en los pasillos de los diferentes escenarios del CMLL las figuras otoñales de Alfonso Peñaloza y Ángel Luis Aduna, quien en el mundo de la lucha libre tuvo, entre otros, los personajes de Kilowatito y Pequeño Mazakre. Ambos llegaron de forma diferente a la lucha libre, pero lo importante es que son parte del engranaje que permite a la monumental Arena México su perfecto funcionamiento.

Los nacidos a partir de la década de los ochenta crecimos viendo al Señor Peñaloza al finalizar todas y cada una de las batallas de cabelleras, es el peluquero oficial del CMLL desde hace 30 años y no hay quien lo desbanque; su historia arrancó el 28 de enero de 1990 cuando arribó al ring de la Arena México para rapar Tania La Guerrillera, desde entonces ha cortado alrededor de 460 melenas de hombres y mujeres que han dejado el alma en el ring, pero que no les ha alcanzado para llevarse el triunfo.

Peñaloza es la encarnación moderna del antiguo rito que pueblos guerreros prehispánicos realizaban cuando conquistaban un territorio, a los derrotados les arrancaban el cuero cabelludo como trofeo de guerra y era colocado en puntas de lanza adornando los tzompantli, altares con cráneos tallados de los sacrificados.

Ese ritual se ha transportado al mundo de la lucha libre de una forma singular, tal vez por eso este tipo de apuestas solo tienen un significado tal en nuestro país que, sin saberlo, revivimos aquellas costumbres de pueblos como los Chichimecas teniendo el cabello como trofeo. Y es que es que ver a Peñaloza arribar al ring con sus tijeras, enfundado en el saco que por siempre nos dijo el Doctor Alfonso Morales le fue regalado por Silvestre Mercado de la Sonora Santanera, es todo un ritual, y los rituales a veces son dolorosos, Peñaloza lo sabe ya que ha recibido golpes de aquellos derrotados que se resisten a pagar la apuesta, Zumbido lo fauleó, el Hijo del Perro Aguayo caso lo echa del ring por los aires impidiendo que rapara a su compadre Héctor Garza entre muchos otros tributos que ha pagado por ser el encargado de hacer pagar la apuesta a los derrotados.

¿Qué se siente cortar melenas tan abundantes como la de Emilio Charles Jr., Sangre Chicana, El Dandy o El Terrible?, sólo él tiene la respuesta, pero debe ser impactante, como impactado lo dejó el dejar sin cabello al Perro Aguayo después de que Universo 2000 le aplicó el Martillo Negro y el zacatecano estaba entre la vida y la muerte.

Son 30 largos años en que Peñaloza tiene el honor de ser el “figaro” del Consejo, pero no se limita a eso, también es parte del equipo de seguridad de las arenas capitalinas del CMLL, grupo donde coincidió con Ángel Luis Aduna, el cual portó por mucho tiempo el nombre de Kilowatito en el terreno independiente, sobre todo en el Toreo de Cuatro Caminos.

Kilowatito dio un giro total en su carrera en agosto de 1992, cuando fue parte del grupo pionero de los Pequeños Estrellas del CMLL. Ahí adoptó el nombre de Pequeño Mazakre y formó la versión en pequeño de Los Intocables junto a Pequeño Jaque Mate y el extraordinario Pequeño Pierroth.

La versión pequeña de Los Intocables nunca quedó a deber, eran entrega total en cada presentación y son bien recordados sus duelos ante Octagoncito, Último Dragoncito, Aguilita Solitaria, Mascarita Sagrada y tantos otros que marcaron toda una época.

Pasaron los años y Pequeño Mazakre decidió guardar el equipo, pero nunca se desvinculó de la lucha libre pues cortar boletos en las Arenas México y Coliseo fue una de sus funciones desde hace años, y siempre estaba dispuesto a contar grandes historias de sus años mozos, de cómo llegó a ser luchador, de sus aventuras en las giras del Pacífico y las del norte de la República mexicana.
Siempre se da por hecho el funcionamiento de una empresa o arena y pocas veces nos detenemos a observar que todo eso se logra no solo por los luchadores, sino por cada uno de los engranes por pequeños que parezcan y que hacen funcionar esa gran maquinaria llamada lucha libre.

Hoy, una figura común en los pasillos de la México y Coliseo ya no regresará a las funciones cuando se reanuden, pero uno sí lo hará, y dará la batalla el tiempo que sea necesario para seguir siendo el elegido que haga pagar tributo a cada luchador que pierda la cabellera.

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