Irresponsable afición

Tenía pensado escribir sobre la historia de cenicienta que Los Atrapasueños estuvieron cerca de rubricar en el 87 Aniversario de la Lucha Libre el pasado viernes en la Arena México, de cómo el público los colocó en lo más alto de la función más importante del año, de cómo pasaron de las primeras a enfrentar a los monstruos de la industria. Pero no.

Escribiré, aunque no sé bien cómo hacerlo, de un tema que me inquieta desde hace un par de semanas, cuando fui a la Arena San Juan para el evento Exclusivo de Mexa Wrestling. Antes de ese día había participado en la grabación de funciones a puerta cerrada e incluso en eventos con el 30% de aficionados desde su regreso en el Estado de México hace poco más de un mes.

Más allá del color del semáforo epidemiológico y de la “autorización” para realizar funciones o no, pienso que cada quien es responsable del cuidado personal. Uno no puede asegurarse de no contraer COVID-19, pero sí de cuidarse para tratar de evitarlo. Alguien más inteligente aún entenderá que el cuidado o no puede repercutir en la salud de los demás, y alguien con un poco de responsabilidad social tomará acciones para preservar la salud.

Mexa Wrestling dispuso un tapete sanitizante en la única entrada a la Arena San Juan. Dispuso también un termómetro infrarrojo para tomar la temperatura de todos los que accedieron al lugar. Un integrante del staff aplicaba líquido sanitizante a los aficionados, y uno más aplicaba gel antibacterial. La zona de ring tenía cinta amarilla para inhabilitar lugares y que se respetara la sana distancia. En gradas también estaban marcados los lugares que se podían ocupar y los que no. Los puntos de venta de comida y bebida tenían plásticos que separaban al vendedor del comprador. Un cuento de hadas con apego total al protocolo de la Comisión de Box y Lucha Libre del Estado de México.

Sin embargo, una cosa es lo que Mexa Wrestling pretendía, y otra muy diferente lo que el aficionado ocasionó. No tengo la certeza de qué porcentaje de asistencia había esa noche, pero sí sé que había más aficionados que una función promedio en esa arena. El uso de cubrebocas, que en el papel era obligatorio, se desvaneció apenas inició la acción en el ring. El anunciador recibía mentadas de madre cada vez que le pedía a los aficionados respetar la distancia (claro que su autoridad era nula, si tomamos en consideración que él también tenía el cubrebocas como gargantilla).

Como parte de la lucha, algunos elementos llegaron a luchar hasta el primer nivel de gradas. ¿Era necesario? Rotundamente no. Al finalizar cada lucha, los aficionados de ring, los mismos de siempre, los valientitos que no se quitan de su lugar con la esperanza que algún ídolo (o no tan ídolo) del ring les caiga encima después de un vuelo, los que tienen mil fotos con todos los que lucharon ese día, se aglomeraban e incluso llegaban a la zona de prensa para pedir una foto más. ¿Para qué?

Me cuesta trabajo creer que el aficionado no está preparado para ir a una función sin comportarse como un salvaje. ¿Qué creen que si le pasan un vaso de cerveza o una silla a algún luchador la función va a salir mejor? La ignorancia los ha llevado a sentirse parte fundamental del espectáculo. Están en un error garrafal.

Ecatepec, Nezahualcóyotl, Naucalpan y Tlalnepantla están en el Top 5 de municipios con más contagios y defunciones en el Estado de México, y estas personas viven el día a día como si nada sucediera.

¿De qué sirve tener autorización para hacer funciones? ¿De qué sirve tener un protocolo? ¿De qué sirve tomar las medidas solicitadas? La Lucha Libre, particularmente la arista independiente, carece de profesionalismo en muchísimos niveles. El comportamiento de los asistentes es uno de esos niveles. Si decimos AMAR, RESPETAR, QUERER a “doña Lucha (qué fea expresión)” empecemos por portarnos como personas, como seres humanos, como ciudadanos.

Este espacio pudo estar dedicado a los sueños y cómo atraparlos, pero no. Estuvo dedicado a personas ignorantes que no saben cómo conducirse en medio de una contingencia de salud. Ojalá no tenga que volver a dedicar este espacio, que me parece muy valioso, a un tema tan poco agradable.

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