Entre mancos, cojos y tuertos

¿Cuántos elementos con algún tipo de discapacidad han ofertado su trabajo en un cuadrilátero? A lo largo del tiempo han existido cojos, mancos, tuertos y más, que lucharon (y lo siguen haciendo) contra la adversidad sin permitir que la atrofia o carencia de una parte de su cuerpo los detenga demostrando, una vez más, que en la lucha libre cabemos todos.

¿Sabían que han existido luchadores sin bazos? En casi 87 años de historia la lucha libre ha tenido entre sus filas al menos a dos luchadores carentes de ambos brazos, uno de ellos fue Lupe Zárate “La maravilla sin brazos”, quien trabajara en circuitos de Estados Unidos y que, un buen día, decidió probar suerte en México presentándose por primera vez en la Arena Peralvillo en 1936 enfrentando al legendario Lobo Negro.

Según las crónicas Lupe Zárate era habilidoso, fuerte y de carácter recio siendo su principal arma las piernas y todo tipo de patadas. A éste hombre le faltaban ambos brazos hasta la altura de los hombros aunque no se tienen registros de la causa, de lo que si hay constancia es que a la gente le encantó su trabajo y lo reconoció arrojando una gran cantidad de dinero al ring al finalizar su lucha ante el Lobo Negro, repitiéndose la misma reacción el 11 de octubre en la antigua Arena México cuando luchó contra Bobby Bonales, “La Maravilla Moreliana”.

La llegada de Zárate a las filas de la Empresa Mexicana de Lucha Libre no fue fácil, tocó muchas puertas y nadie le daba la oportunidad, pero ya estando en la Ciudad de México no dudó en pedirle la oportunidad a Salvador Lutteroth González de presentarse en el lugar de las grandes estrellas. Con más dudas que certezas Luttertoh le dio la oportunidad y fue todo un éxito. Su última batalla en la México fue el 25 de octubre contra Simplicio “Loco” Hernández, pues a los pocos días llegó un oficio de la Oficina de Espectáculos del Departamento del Distrito Federal anunciando que no autorizaría ninguna función donde apareciera el “discapacitado” Lupe Zárate.

Otro gladiador sin brazos hasta la altura de los codos fue Félix Celestino Carrizales, originario del estado de Zacatecas, pero radicado en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Desde corta edad se dedicó al deporte de los puños para, más tarde, incursionar en la lucha libre debutando en 1938, llevando gran parte de su carrera en el norte de la República mexicana. Además de la lucha libre, Félix Celestino se ganaba la vida trabajando en Ferrocarriles Nacionales, donde un accidente con las máquinas le arrancó ambos brazos. Difícil fue su recuperación, pero logró salir adelante y, contra todo pronóstico, regresar a los cuadriláteros por algún tiempo siendo un ejemplo de perseverancia e ímpetu.

Más recientemente conocimos a El Abogado del Diablo, un enmascarado originario de Reynosa, Tamaulipas, y que perdiera la pierna derecha en 2013. Con varias batallas de apuestas en su historial y el Campeonato Medio de Norteamérica, El Abogado del Diablo tenía todo para seguir cimentando su carrera, pero el 15 de abril, dirigiéndose a Nuevo Laredo, fue embestido en su motocicleta, y de su pierna ya no había nada qué hacer. Sabía que su vida había cambiado, pero la lucha libre no tenía qué terminar necesariamente y volvió a los cuadriláteros, con una prótesis que le da apoyo, regresó para ser el rudo desalmado y siempre soñó.

Ahora que tanto ruido ha hecho la “pérdida de un ojo” de Rey Mysterio Jr; recordemos verdaderos casos dantescos como el de Merced Gómez, quien recibiera una patada a “la Filomena” por parte del Murciélago Velázquez. Fue una escena escalofriante que nunca olvidó el Murciélago declarando alguna vez cómo vio el ojo de Merced únicamente sostenido por el nervio ocular y su rostro ensangrentado, igual de escalofriante fue el destino del afectado, pues siguió luchando por un tiempo, pero la herida se le infectó invadiendo otras zonas al grado de perder la cordura y ser internado en un hospital psiquiátrico hasta el día de su muerte.

Si de casos contemporáneos hablamos tenemos que señalar a Pirata Morgan, cuando en la Arena Coliseo de Occidente, aun bajo el nombre de Red Morgan, voló hacia afuera del cuadrilátero golpeándose el ojo derecho con el descansabrazo de una butaca. La afectación fue tal que no hubo más remedio que extirparle el ojo, cambiando desde ese momento al nombre de Pirata Morga.

Y qué decir de Muerte Bucanera, un elemento carente de la mano derecha ligado con la empresa DTU a quien, en su momento, la Comisión de Lucha Libre de la Ciudad de México le negó otorgarle la licencia de luchador por considerarlo no apto para desarrollar esta actividad.

Lo que es considerada una discapacidad no debe ser limitante para nadie, y los casos antes mencionados son prueba de ello. Así como los anteriores, el Mocho Cota no se detuvo al perder los dedos medio y anular de la mano derecha prensados en una máquina, al contrario, aprovechó esa característica para hacerse fama y castigar con los muñones a sus rivales; así también El Terrible sigue valeroso en el ring pese a perder casi por completo la vista de un ojo a causa de los golpes.

El caso de estos y otros gladiadores nos invita a la reflexión sobre las limitantes que cada quien se pone en su vida, un ejemplo de valor y de no dejarse caer ante la adversidad.El 100% de los luchadores acabarán sus carreras con algún tipo de discapacidad, pero la vida tiene que seguir y hay que estar mentalizados.

Y es que a muchos nos dirán que no se puede, pero eso no es cierto, solo hay que meterle un poquito más de esfuerzo.

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