Del ring a los libros: Literatura de Lucha Libre para niños

Entrevista con Diego Mejía

A Diego Mejía le ha gustado la lucha libre desde que era niño. Por algo los superhéroes enmascarados como Batman, Linterna Verde, el Hombre Araña y Daredevil son sus favoritos. El momento clave de su gusto por el pancracio se dio un domingo, a la edad de siete años, cuando entró a la recámara de sus papás y encontró a su padre mirando una película del Santo en el televisor. En sus palabras, “quedó embobado con ese enmascarado que peleaba contra los monstruos”.

Nos cuenta que ese mismo día por la tarde, su papá le enseño el resumen de lucha libre que pasaba en el programa Acción en el canal dos y le dijo “ésos son como el Santo”, y de nueva cuenta quedó absorto. A partir de ese día, Diego buscaba cada domingo los resúmenes de lucha así como las películas de Santo y Blue Demon.

“El último día de clases de segundo de primaria, para celebrar que había pasado a tercero, mi papá me regaló un ejemplar de Lucha Libre, y a partir de ahí cada semana me compraba la revista (y a veces también me compraba El Halcón. Sólo lucha libre).”

De querer ser luchador -ganando todas sus batallas en contra de la almohada, aunque su hermana diga todo lo contrario- Diego dejó los costalazos sobre la cama para comenzar a escribir historias:

“Un viernes platicaba con Dania Mejía (editora de literatura infantil) y le conté cómo una editorial me rechazó un volumen de cuentos de lucha (titulado Tres Caídas) bajo el argumento de que “no vendería por ser para público limitado”.

Semanas después, Dania me propuso que escribiera una trilogía sobre un rudo lidiando con los roles tradicionales de la masculinidad tóxica y que era bulleado por un técnico tramposo (y ambos luchadores tendrían como entrenadores a niños).

Como soy un inconsciente, le dije que sí de inmediato, y me quedé pensando unos días en esa anécdota, hasta que ideé la historia y le entregué una sinopsis lo más detallada posible de los tres tomos (con todo y capítulos), así como la descripción de los personajes que intervendrían”.

Y así nació la trilogía del Enmascarado de Terciopelo: Primera caía, Muerde el Polvo y Máscara vs Máscara, en donde el protagonista de la historia es el rudísimo Conde Alexander. Para escribir sus historias como las que se expresan en esta trilogía, Diego Mejía toma como objetivo el entretener a los niños, para que vean la lectura como algo divertido y que leer no forzosamente es un castigo u obligación. Trata que en El Enmascarado de Terciopelo destaque la importancia de conocerse a uno mismo, de aceptarse tal como somos y no traicionar nuestra esencia, sin importar los estereotipos a los que luego nos quiere ceñir la sociedad. Por ello busca que sus personajes tengan personalidades diferentes entre sí porque esos contrastes facilitan los momentos tanto cómicos como conmovedores. “Si uno de ellos es enérgico y dominante, busco que su contraparte sea un poco bobo; si uno es centrado y analítico, su pareja debe ser disperso y acelerado”.

Pero, ¿por qué tomar como base la lucha libre para escribir sus historias? Diego nos explica que el deporte del Catch le gusta mucho a los niños y que continúa arraigado en nuestra cultura e identidad. “Hasta hace no mucho todavía era considerado como algo para gente de bajos recursos (monetarios e intelectuales), o una simple “mexican curious” para extranjeros, y ese estereotipo me daba mucho coraje. Por eso quise ayudar a reivindicarla ante los ojos de quienes discriminan a los que nos gusta”.

Por ello considera que es importante hablar de lucha libre a los niños. “Es un deporte muy completo, independientemente de la teatralidad que lo rodea. Se requiere de una gran disciplina para sobresalir”. A través de la literatura de lucha libre se pueden plasmar otras situaciones que enmarcan el deporte, como sus historias de vida “historias acerca de la importancia de nunca rendirse, no sólo para la consecución de nuestros objetivos, sino porque no se sabe a quién estamos inspirando y el ejemplo que les damos para bien o para mal”.

Al cuestionarle acerca del por qué no se escribe mucho de la lucha libre para niños, Mejía comenta: “En México, la literatura infantil depende mucho de la prescripción escolar, la decisión (en muchas ocasiones) de qué libros comprarle a los niños depende de los planes escolares y las tareas que dejan los maestros; por ello, algunos escritores tratan que sus historias se adapten a las necesidades de los planes de estudio”. A pesar de ellos, existen algunos que han escrito historias de lucha libre para el público infantil, mencionando a Antonio Revillas, autor del libro “Mi abuelo luchador”, Vivian Mansour con “El enmascarado de lata” o a Enrique Escalona que en su libro “La moneda de la muerte” hace un pequeño guiño de la Dinastía Mendoza.

Diego Mejía nos muestra en sus historias la pasión que le provoca el deporte de la lucha libre y busca que se contagien las emociones con cada palabra. Por ello, insiste que todavía existen muchas historias que contar acerca de las y los luchadores. Considera que es importante quitar el estigma de “deporte populachero” para que los narradores y posibles prescriptores volteen a verla en busca de inspiración.

La trilogía de El enmascarado de terciopelo se encuentra disponible en librerías como Gandhi, Porrúa.mx y elsotano.com en sus versiones impresas y digitales

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