Dejar de ser aficionado

Hola Amigos!

 

Hace poco uno de mis compañeros al que estimo y considero un amigo, me hizo ver que tengo un problema, me dijo: “Lo que pasa es que sigues siendo un fan, está chingón convivir y trabajar con personas que admiramos, pero para eso no se trabaja. No puedes vivir pensando que van a decir los demás, no puedes pedir que te quieran los aficionados, mucho menos ser amigo de los luchadores.

El compromiso de trabajar en Más Lucha es con la gente, con la lucha, no con tus ánimos de aficionado”

 

 

Y a lo mejor tiene razón, no me he dado cuenta que trabajo en el medio más importante de Lucha Libre a nivel mundial y lo que hago, digo o escribo, tiene repercusión en él.

 

 

Yo comencé en esto justo por eso, por el gusto y la afición a la Lucha Libre, desde pequeño me llamaron mucho la atención unas estampitas que eran de un álbum de colección ( parecían timbres postales), comprabas unos sobrecitos en el puesto de periódicos o en la tienda de la esquina. De niño pasaba mucho tiempo en la casa de mi tía Lupe y mi tío Toño, a él le gustaban las luchas, de hecho hasta decía que era luchador y que no me podía decir quien era porque revelaría su identidad, obviamente no era cierto, pero ese misticismo hizo que me hiciera aún más fan de la Lucha, pues coleccionaba las estampitas antes mencionadas para tratar de “adivinar” quien era mi tío. Ahí descubrí a Cien Caras, Fishman, Mil Máscaras, Canek, Los Villamnos y muchos luchadores que no sabía ni sus nombres pero me gustaban sus máscaras.

 

 

Era un poco difícil que en mi casa viera las Luchas pues mis papás no eran aficionados y no era lo que se veía en la tele, pero cuando estaba en casa de mi tío, si las podía ver. Estaba a punto de ser el boom de los 90 pues ya existía Atlantis y Octagón que eran los más famosos en aquella época.

 

 

Cerca de su casa había una iglesia, San Juanico en Iztapalapa, cada año había feria donde llevaban a luchadores para divertir al “pueblo”, ahí pude ver al Hijo del Solitario y Super Porky (son a los que más recuerdo).

 

 

Ese fue mi primer contacto con la Lucha Libre, posteriormente otro tío, “Chucho”, me llevó a una arena, seguro era la Apatlaco, porque vivían cerca de ahí. Se presentó el Trio Fantasía (que por cierto me dio miedo Súper Muñeco), pues mi tío me acerco para saludarlo y solo me eché a llorar. Quiero aclarar que todo esto que les cuento yo tenía 6 años.

 

 

Me desconecté mucho tiempo de la Lucha Libre, (pues ya les dije que nadie de mi familia era asiduo a ella), aunque a veces de casualidad le cambiaba a la tele y encontraba las luchas, era un agasajo para mi.

 

 

Ya cuando iba en la prepa casi para entrar a la Universidad fue cuando comencé a comprar mis revistas, ya sabía que los sábados a las 4 tenía que prender la televisión pues comenzaba el CMLL, un Místico estaba a penas comenzando, Dr. Wagner Jr. Era una estrella, Último Guerrero y Rey Bucanero acababan de traicionar al Satánico, L.A Park recién había hecho su cambio de imagen y un sin fin de historias y luchadores que estaban en auge.

 

 

Para solventar mis estudios, trabajaba en una joyería de fantasía por el Monumento a la Revolución, y me di cuenta que estaba muy cerca de la Arena México, cada miércoles iba a comprar mi boleto ( de gradas por supuesto) para asistir los viernes sin falta a disfrutar de la lucha, a veces iba con novia, pues le gustaba la nueva revelación, El Seminarista de los Ojos Blancos, cuando era huérfano todavía. (De ahí mi preferencia por el CMLL).

 

 

Entré a la Universidad y cambié de trabajo, dejé de ir a la Arena México y cuando podía las veía por la tele. Las diversas actividades que tenía, otra vez me separaron de la Lucha Libre, aunque trataba siempre de estar al pendiente por las revistas, (que en ese tiempo mi favorita era Guerreros del Ring) pues era a color y tenía posters chidos.

 

 

Mi gusto por la Lucha hizo que en la Universidad cuando pedían trabajos audiovisuales lo primero que hacía era sobre el “Arte del Gotch” , algunas fueron un trabajo sobre el Cine de Luchadores, una investigación sobre el misticismo de las máscaras aplicadas para la Lucha Libre, la música Surf y su relación con la Lucha Libre, etc.

 

 

De hecho el trabajo final para el Trimestre de Cine, teníamos que hacer un documental, y adivinen de qué fue… exacto de Lucha Libre. Mi equipo no estaba muy convencido pues querían abarcar temas más “importantes” como el despojo de tierras de San Salvador Atenco, el décimo aniversario de la Huelga de la UNAM de 1999, la pobreza, y un sin fin de temas sociales, pero al final mi insistencia logró hacer un pequeño documental sobre “Si los golpes en la Lucha Libre eran verdad”. ( Al final de este texto les dejaré el link donde lo podrás ver).

 

 

No hice mi Tesis de Lucha Libre sólo porque el área de titulación era Cine y Género, y terminé haciendo “ El Análisis y Representación del Estereotipo del Soltero en el Cine Mexicano de 1950 al 2000).

 

 

Retomando el inicio de esta columna, creo que mi amigo tiene razón, ese niño que descubrió la Lucha Libre sigue hasta ahora. Aún recuerdo la primera vez que vi a un luchador sin máscara (una leyenda, no les voy a decir quien para guardar el secreto), era de las primeras veces que trabajaba para Más Lucha y no les voy a mentir, fue un shock para mi, estaba emocionado pero a la vez desilusionado pues ese día, mi niño interior sufrió un fuerte golpe, en ese momento pensé que era un afortunado por conocer a ese luchador sin su incógnita pero a su vez me hubiera gustado ver como caía su máscara en una lucha de apuestas, arriba del ring, dando la lucha de su vida por defenderla, sin embargo, pude ver que el Héroe era una persona normal, una persona que seguro te encuentras en la calle, el metro, el súper, una persona de carne y hueso.

 

 

Mi “yo” profesional tuvo que disimular y ocultar la enorme cantidad de sentimientos que tenía dentro, tenía que ser ahora cómplice de los “secretos de la Lucha Libre”, tenía que aguantarme las ganas de pedir una foto o autógrafo, tenía que omitir mis palabras de reconocimiento, tenía que dejar de ser un aficionado.

 

 

Hasta la fecha me cuesta trabajo decirle a un luchador: “ ponte la máscara, te voy a entrevistar”, me cuesta a veces ver que los rivales se preparan, se cambian y conviven en el mismo vestidor, me cuesta ver lo que pasa tras bambalinas, pues aún me sigue encantando en desmedida la Lucha, aún sigo siendo un niño de 6 años viviendo su sueño.

 

 

No he querido dejar de creer, de ilusionarme, de emocionarme, de sentir, pues la vida me ha obligado a ser adulto, a madurar a no ser tan crédulo e inocente y a veces ya ni recuerdo que fui niño, lo único que me dice que tuve infancia es la Lucha Libre. La vida diaria, las relaciones laborales, los problemas económicos, de salud, la vida en pareja, la familia y todas esas cosas que te hacen madurar por que tienes que hacerlo han hecho que sea un hombre un poco insensible. Ahora puedo decir que soy una persona de carácter muy fuerte, a veces amargado, con mil cosas en la cabeza, querer actuar como una persona adulta y responsable hace que sea estricto y a veces hasta problemas he tenido por mi forma de ser.

 

 

Entonces si, no he entendido que ahora me desempeño en la Lucha Libre y que debo dejar de ser un aficionado para poder ejercer bien mi trabajo, tener objetividad en mis opiniones, ser imparcial y simplemente hacer de la Lucha Libre un trabajo.

 

 

Ahora entiendo cuando los luchadores, dueños, algunos compañeros etc. Le llaman “Negocio” a la Lucha Libre, pues si, eso es, un negocio, Un negocio que tengo que aprender como funciona, si no, no dejaré de ser nunca un aficionado.

 

 

Hasta aquí el Sabadrink de hoy, les dejo los enlaces del documental que hice en la Universidad, chéquenlo, sale La Sombra, Dragon Rojo, Dark Angel, algunos comentaristas, entre ellos Julio César Rivera.

Hasta la próxima semana

 

Twitter: @vicmartz20

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