Comportamiento y fanatismo, los otros personajes en la lucha libre

Desde Ringside

En el deporte-espectáculo se deriva el comportamiento en distintas maneras, la de creer, la de adoptar y la de imaginar. La primera un tanto en los luchadores, aquellos personajes que deciden entrenar por gusto al mismo deporte o por herencia y un tanto de fanatismo de tener un ídolo del pasado; para la segunda el aficionado se encarga de adoptar suvenires o forma de dialogar, gracias a la forma de ser de su luchador favorito, mientras que la tercera se apega a los niños que van a una arena.

 

El comportamiento se puede definir como el conjunto de actos exhibidos por el ser humano y determinados por la cultura, las actitudes, las emociones, los valores de cada persona y los valores culturales de una sociedad, la ética, el juicio de la autoridad, la persuasión y la genética. La lucha libre como deporte espectáculo tiene numerables factores que la hacen única, estos en forma de comportamiento o de fanatismo.

 

Pero muchas veces se encuentran en el camino a distintos aficionados que llevan a un nivel más allá del deporte, y tienden a ser todo un personaje dentro del pancracio luchístico, el saberse comportar en un arena o como aficionado es una cosa, pero todo cambia cuando por alguna característica, es ahí donde dejan de ser un más en la lucha; recuerdo bien que la transmisiones del Consejo Mundial de Lucha Libre en Televisa antes de salir del aire, siempre se tomaba a una señora  que todos los viernes asistía a la arena, que cuando la cámara la enfocaba, era una verdadero personaje que a casi a todos le caía de variedad.

 

Sin afán de ofender, la llamaban La Gordita de Tacuba o algo así después descubrí que la misma señora  también iba a las funciones de los martes, y no dudo que hasta la coliseo y los domingos, no sé si todavía vaya, pero me acuerdo muy bien de ella; personajes como ella le hacen bien a la lucha libre, o como aquel mítico hombre que todos los viernes en cuanto se veía programando el Rey del Guaguanco, Mr. Niebla iba con peluca, campana y sombreo de El Ecoloco y se aventaba sus pasitos de baile en cuanto lo tomaban, así como ellos hay otros más, y no se diga en el terreno independiente.

 

Un caso que se me viene a la mente, es el de Mamá Lucha, hoy ya con su arena y toda la cosa… le paro hasta aquí porque no quiero que alguien me dé un raquetazo; porque es muy querida por todos, aficionados como ella y otros más son los que hacen falta, muchos de ellos de ser preciso, en todas las arenas y no aquel que no va a ninguna función y comienza en el teclado a reventar la redes. Son algunos, hablando en el centro del país, aunque en el interior de la república no faltaran, como Pancho Pantera en Querétaro el buen Franky y sus paletas en Hidalgo, tan solo por mencionar…

 

Como toda Ley Natural, diría Tomas de Aquino, “a casi todo lo bueno hay algo de malo” y la lucha es prueba de ello, quien no ha escuchado los gritos de tan inmejorable ser humano que parecen alarma sísmica, los que han ido a una función en el Valle de México sabrán quien será, los gritos más aberrantes y los insultos no faltan con esta señora, varios de ellos no tendrían que existir o que sea en menor medida, pero es muy cierto que la lucha libre se alimenta de todo lo que la rodea, de ese público de semana a semana también tiene derecho a disfrutar la lucha aunque en el camino se escuche “quita tu culo más lucha”.

 

Hay casos particulares, como aquel aficionado que cree que todos los luchadores son sus amigos, y la foto, casi, casi la quiere sin máscara, aquel aficionado que le invita una cerveza para quedar bien, (aunque ahí los luchadores también deberían cuidar eso) o supieron de la aficionada que tiene todo tipo de souvenirs, playeras, tazas, máscaras y no sé qué tanto, todo gratis, al menos los que han vivido eso sabrán bien, si no pregúntenle a un integrante de este medio, pero como dirían “hay de todo en la villa del señor”.

 

El comportamiento en la lucha libre mexicana se puede llamar de distintas maneras, pero todas y cada una de ellas llevan a una misma dirección: el entender que es un espectáculo, un show deportivo, en el cual la única intención es el disfrutar y desahogar los males o frustraciones de la vida cotidiana y social, en la que vivimos. El comportamiento de la persona, así como de otros organismos e incluso mecanismos, cae dentro de un rango de lo que es visto como lo común, lo inusual o hasta cierto límite lo aceptable.

 

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